El socavón ocurrió el 17 de julio. Ha pasado más de un mes y, a la fecha, no vemos trabajos concretos en el lugar. Como comunidad, nos preocupa profundamente la forma en que las autoridades han abordado esta emergencia, tanto desde el Gobierno como desde el municipio.
El Delegado Presidencial señaló inicialmente que la solución podría tardar seis meses, considerando estudios y sondeos previos. Sin embargo, si después de más de un mes todavía no comienzan las obras, esos seis meses ya no parecen ser seis: serán ocho meses o incluso más. Y mientras se realizan estudios, las consecuencias las estamos viviendo todos los días los vecinos de Playa Ancha.
Creemos que las autoridades no han dimensionado adecuadamente el impacto que esta situación está provocando en la vida cotidiana de los playanchinos. No estamos hablando solamente de un problema vial. Estamos hablando de nuestro ecosistema económico, de los tiempos de traslado, del aumento de los costos de transporte, del acceso a servicios y, en definitiva, de nuestra calidad de vida.
A esto se suma el cierre de Carampangue para la locomoción colectiva, tanto de subida como de bajada. Hoy los recorridos deben realizar desvíos que significan una vuelta considerable por Cordillera y, para subir, utilizar Taqueadero, una calle que claramente no está preparada para soportar el flujo de la locomoción colectiva que actualmente recibe.
En poco más de un mes ya estamos viendo calles colapsadas, mayores tiempos de desplazamiento y una comunidad que está haciendo esfuerzos enormes para adaptarse. La pregunta es muy concreta: si esta situación ya está generando estos problemas en un mes, ¿qué ocurrirá durante los próximos cinco, seis u ocho meses?
También existe una preocupación especialmente grave para quienes vivimos de la actividad económica de Playa Ancha. Hay vecinos que tienen hostales, restaurantes, comercios y otros emprendimientos que dependen directamente del flujo de personas. ¿Qué ocurrirá durante el verano si las obras recién comienzan en septiembre? Hay familias que llevan décadas construyendo sus fuentes de trabajo en el barrio, pagando sus patentes y cumpliendo con todas sus obligaciones, y que hoy ven amenazada directamente su actividad económica.
Pero detrás de las cifras, los desvíos y los plazos existen historias de vida.
Está el adulto mayor que prácticamente tuvo que volver a encerrarse, como durante la pandemia, porque ya no puede caminar tres o cuatro cuadras en subida para encontrar un recorrido de transporte que le permita llegar a su destino.
Están los niños que estudian en el plan y que hoy deben levantarse al menos una hora antes para poder llegar a sus colegios.
Están los trabajadores que pierden más tiempo diariamente en sus desplazamientos, las familias que deben gastar más dinero en transporte y los comerciantes que ven cómo disminuye el movimiento en sus negocios.
Por eso, lo que como comunidad estamos pidiendo no es una pelea política. Estamos pidiendo gestión, coordinación, información clara y, sobre todo, que las autoridades comprendan la magnitud del problema que enfrentamos.
Playa Ancha no puede seguir esperando indefinidamente mientras se acumulan estudios, reuniones y anuncios. Necesitamos conocer un cronograma concreto: qué trabajos se realizarán, cuándo comenzarán, cuáles serán los plazos reales y qué medidas se implementarán para mitigar los efectos sobre el transporte, el comercio, los residentes y quienes dependen del turismo durante el verano.
Las autoridades tienen la responsabilidad de enfrentar la emergencia, pero también de hacerse cargo de sus consecuencias. Y hoy sentimos que existe una enorme distancia entre las decisiones que se toman desde las oficinas y la realidad que estamos viviendo en las calles de Playa Ancha.
Como comunidad, vamos a seguir planteando estas preocupaciones porque nuestro barrio no puede quedar paralizado durante meses sin que exista una respuesta proporcional a la magnitud del problema.
El socavón no es solamente un hoyo en una calle. Es una emergencia que está afectando la movilidad, la economía y la calidad de vida de miles de personas. Y mientras más tiempo pasa sin soluciones concretas, mayor será el costo para Playa Ancha y para quienes vivimos y trabajamos aquí.
Alejandro Álvarez
Vicepresidente de la CCTV y dueño de Hostal Casaclub




